Pobreza y urbanismo segregado en la Ciudad de México

La ciudad de México ha crecido exponencialmente en los últimos años y, de la misma forma que crecía el número de habitantes, se deterioraban sus servicios básicos urbanísticos. La pobreza en muchos de sus barrios ha llegado a cotas nunca vistas, sin que haya habido una planificación urbana simultánea, constituyéndose auténticas zonas degradadas que, muchas veces, son barreras reales de modos de vida diferentes y hasta opuestos. Esto es apreciable cada día más.
"RICARDO PASCOE PIERCE* : “De acuerdo con los censos de INEGI y Conapo de 2000, en la Ciudad de México existían ocho y medio millones de personas, de los cuales 63% vivía con un ingreso de menos de dos salarios mínimos y se ubicaba en viviendas precarias y/o en situación irregular, con insuficientes o precarios servicios, ingresos familiares por debajo de los dos salarios mínimos, empleos inestables, inseguridad y violencia.” (Documento publicado por la Secretaría de Desarrollo Social del DF en 2003).

Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social publicados en 2008, la situación de la pobreza en el DF había empeorado en ocho años, entre 2000 y 2008. La pobreza alimentaria aumentó de 5.8% de la población al 7% durante esos ocho años, mientras la línea de pobreza creció de 28% a 32.1% y la llamada pobreza de capacidades creció de 9.9% a 12.3%. Se considera que el número de pobres, como categoría general, se mantiene en 62% de la población total de la ciudad, según datos de Evalúa DF.

Esto significa 5.4 millones de personas.

Al mismo tiempo, la población total residente en la Ciudad de México se ha reducido en ese periodo en alrededor de 600 mil personas. La ciudad ha sido convertida en un espacio urbano expulsor neto de población. Las delegaciones que tienen un mayor número de colonias en condiciones de precariedad son: Álvaro Obregón, Iztapalapa y Gustavo A. Madero, seguidas por las que presentan condiciones de ruralidad, mientras que las delegaciones con menos precariedad son Cuauhtémoc, Coyoacán, Iztacalco y Miguel Hidalgo, y Benito Juárez, que no cuenta con ninguna.

El Programa Universitario de Estudios de la Ciudad, perteneciente a la UNAM, considera que más de 60% de la población se encuentra en condiciones de pobreza y existe una alta segregación y desigualdad residencial que se expresa en el deterioro de la calidad de vida de un amplio sector de su población y los intensos procesos de segregación residencial que opera en su territorio. Lo dice en su magna obra Ciudades del 2010: Entre la Sociedad del Conocimiento y la Desigualdad Social.

Justo es concluir que la gestión capitalina del PRD durante 18 años no ha podido (o querido) abatir la pobreza que existía cuando asumió el mando político-administrativo de la ciudad y que, para poder alterar en algo la cifra histórica de la pobreza urbana, se recurra a la expulsión de población para decir que los números absolutos de pobres se han reducido.

La frase del PUEC no podría ser más siniestra: “Los intensos procesos de segregación residencial que opera en su territorio…”.

El gobierno capitalino opera con una personalidad bipolar, donde una parte de ella se dedica a la repartición de dinero, despensas y otros apoyos a los “seis de cada diez” capitalinos que recibe su apoyo, según reza orgullosa la publicidad oficial. Pero la otra parte del actuar oficial vela por el enriquecimiento de individuos y empresas, a expensas de la población en general, al permitir procesos de especulación con el valor del suelo, lo cual tiende, a la larga, a obligar a muchos de esos “más de 60% de pobres” a abandonar a la ciudad y buscar vivienda más barata en el Estado de México, principalmente. El instrumento para lograrlo es muy sencillo: el gobierno local “ajusta” los cobros del predial y agua, y opera como un mecanismo “invisible” para obligar a los pobladores que no pueden pagar las nuevas tarifas a vender o abandonar sus predios y emigrar fuera de la ciudad. Hay quienes se alegran con este proceso de “intensa segregación residencial”, pues lo describen como renovación y modernización urbanas, amén de las extraordinarias utilidades que les reporta.

La gran perdedora de este proceso es la ciudad en su conjunto. Representa el rompimiento de formas tradicionales de vida en colonias, barrios y pueblos que han resistido la desaparición de lazos comunitarios que han servido para dar fortaleza a las formas de vida de los pobladores. La ética y moral se transmitía, en parte, por las formas de asociación de las miles de comunidades existentes en toda la ciudad. También el combate a la inseguridad. Y la cultura de socialización constructiva. La destrucción de comunidades enteras deteriora ese tejido social.

El GDF-PRD no ataca la pobreza. Más bien impulsa un proyecto urbanístico de destrucción de la integridad de la comunidad entera en la Ciudad de México, alegando modernidad y calidad de vida. Pero, ¿para quiénes?


* Excelsior - Ricardo Pascoe - 19.1.15
Foto: mexicocity - destination360